martes, 30 de agosto de 2005
Convocatorias

30 de Junio de 2003

OCHO MIL HARLEY DAVIDSON EN BARCELONA
El ruido de los viejos rebeldes

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Ni 'Born to be wild', ni 'Stairway to heaven'. Ni guitarras distorsionadas, ni baterías estruendosas. Una bella señorita, minúsculo pantalón, top de cuero bien arrapado, subida a su Harley-Davidson se mecía con la dulce voz de Gloria Gaynor.

NURIA CUADRADO





BARCELONA.- "I love you baby and if it’s quite all right I need you baby", le tatareaba a su máquina mientras esperaba el pistoletazo de salida del Open Road Tour. A su alrededor, en ordenada formación, otros 10.000 motards, otras 8.000 máquinas, también aguardaban en la montaña de Montjuïc idéntica sirena mientras entretenían la espera fotografiándose y dejándose fotografiar: primero, ellos con sus máquinas; después, ellos con sus amigos y sus máquinas; cinco minutos más tarde, sus amigos y sus máquinas, pero sin ellos; y, para acabar, ellos y sus máquinas junto a cualquiera que pasara por la recta del Estadio Olímpico. La única condición insalvable para apretar el disparador era que la Harley-Davidson ocupara el centro de la instantánea. Y lo cierto es que las 8.000 motos, todas y cada una de ellas, se lo merecían. Y también muchos de sus jinetes.
¿Quieren tocados estrambóticos? Los hubo: de indio sioux, con osito de peluche plantado en el casco, de bandera americana, de jarra de cerveza, pelucas lilas, pelucas azules... incluso un colador metálico de cocina servía a un satisfecho abuelete para protegerse la cabeza.

¿Quieren disfraces? Pues a cual mejor: los escoceses llegaron ataviados con su falda tradicional, adornados con cuernos de caza, protegidos por colas de zorro, encomendados al Che con camisetas que lucían aquel lema de Prefiero morir de pie que vivir de rodillas; un alsaciano se vistió de vikingo: con pieles que daban grima sólo de pensar en el termómetro, con cuernos enormes, tanto o más que el susodicho que los lucía con orgullo. Pero lo que más abundaba eran los pañuelos piratas, los chalecos con el escudo de la centenaria marca, los tejanos, las botas camperas, los tatuajes, los anillos de serpiente, las calaveras, las faldas descocadas y los escotes de espanto. «Lo mejor, las mujeres que viajan de paquete», le gritaba un jovenzuelo pícaro a un urbano despistado.

A la cabeza de tan abultado y festivo escuadrón, un cerdito de juguete: Oink, oink, se quejaba ligado por una cuerda al destino de una Harley-Davidson y de su conductor, un señor barbudo tan grande como su sonrisa, tan grande como su máquina, uno de los agraciados para cargar con el estandarte de su federación y encabezar la marcha del Open Road Tour de Barcelona, el que ayer se paseó por las calles del centro de la ciudad para celebrar que la marca norteamericana ha cumplido cien años.

Puntuales como el té inglés, a las once de la mañana —ni un minuto antes ni uno después— sonó la sirena de partida. Se calzaron los cascos, pusieron las botas en los estribos, dieron gas a la bestia y el rugido del motor se confundió con el que salía de sus gargantas.

Uno hubiera pensado que la montaña tendría que romperse antes el estruendo de 8.000 Harley-Davidson encabritadas, pero los tubos de escape fueron vencidos por las bocinas y por el olor a gasolina. Denso, tanto como el calor, aunque el sol concediera una tregua al asfalto y a las carnes tatuadas.

Desde el Estadio, montaña abajo, llegaron a la plaza de Espanya tras salvar un embudo de gentío extasiado ante el espectáculo que aplaudía y vitoreaba, que aclamaba y jaleaba.

Después enfilaron por una Gran Vía prohibida para cualquier vehículo que no circulara sobre dos o tres ruedas: a las tradicionales Harley se sumaron unas cuantas choppers y algunos sidecares; y también, primero con timidez, después con entusiasmo, Suzukis y BMWs, unas cuantas Vespino e incluso alguna bicicleta.

Desde allí al Port Olímpic, a la estatua de Colón y, de nuevo, a la montaña de Montjuïc. Una veintena de kilómetros y dos horas de paseo. Las Harley-Davidson se aproximan a su primer centenario convertidas en las motos que dominan el mercado incluso en medio de una economía desacelerada.

La demanda es tan elevada en los modelos del 2003, los del centenario, que los vendedores están aplicando un precio de venta más alto del que marca la etiqueta. Y mientras, sus rebeldes domadores... ¿Sucios? ¿Groseros? ¿Bravucones? ¿Unos gamberros? Tópicos. Sólo tópicos. Se lo jurará por el honor de la mejor de las Harley-Davidson cualquier barcelonés que asistiera al multitudinario desfile.

El Mundo
Publicado por Desconocido @ 21:00
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Comentarios
Publicado por TitoenHispania
martes, 30 de agosto de 2005 | 21:36
Estuvo alguien ahí, eres alguno de la foto.

Cuentanos algo...Guiño