jueves, 01 de septiembre de 2005
Con lo puesto y en la calle
Donnee Jones con la ropa dura por el barro seco, emergió aturdida del caos que alguna vez fue su hogar frente al mar en Biloxi, ahora destruido por el huracán 'Katrina'.
COLPISA./BILOXI

«Perdimos la casa entera», repetía ayer, mientras contemplaba las ruinas en esta ciudad costera del estado de Misisipi, donde los vientos y las olas devastadoras de 'Katrina' dejaron a miles de personas, como a ella, únicamente con lo puesto.

Jones, una agente inmobiliaria de unos 50 años, ignoró los llamamientos de las autoridades a evacuar el área el pasado lunes y terminó atrapada en el segundo piso de su casa ante el embate de los violentos vientos y las aguas que crecían rápidamente.

Un vecino la llevó hasta el estacionamiento de un centro comercial semiinundado, donde bajo un cielo azul y entre mercaderías arrastradas de las destruidas tiendas, funcionaba una improvisada cantina de emergencia para alimentar a cientos de supervivientes.

Gente de todas las edades y familias con niños hacían fila pacientemente, hambrientos y aún azorados, para servirse un café, unas salchichas o unos huevos revueltos que una iglesia había enviado desde Florida. Era la única comida disponible en la zona. Cada tanto, un vehículo todoterreno traía otro damnificado por la tormenta.

El chófer Edwin Huff contó que pensaba que 'Katrina' no era «nada» y se negó a abandonar la vulnerable casa rodante donde vivía. «A las 03.00 horas (locales) un vecino vino y me dijo que el agua estaba subiendo», prosiguió Huff. Después de eso, apenas tuvo tiempo de agarrar su amada moto Harley-Davidson. Varias horas más tarde, cuando regresó al lugar, no quedaba nada. «Mi casa rodante había sido arrastrada», dijo.

Pero ahora Huff afronta la situación con su propia filosofía. «Soy un viejo hippie, uno no arregla nada preocupándose. Uno tiene que dejarse llevar. Tengo 53 años; esta es una buena edad para mirar las cosas y para interesarse por los demás».

Cerca de allí, Debbie Rose, de 48 años, estaba confundida, aunque su casa era un caos. «Fue como un tsunami», dijo. «Perdimos parte del techo, el porche, la chimenea». Su cuñado pasó la terrorífica noche del lunes al martes refugiado con su familia en el ático de su casa.

Aún así, Jones agradeció estar viva. «Se puede reemplazar una casa, pero no una vida», aseguró.

Jay Gannet, otro veterano de los peores ciclones del Golfo de México, también se alegró de estar vivo, pero no ignoró las consecuencias de 'Katrina', que destruyó el casino donde trabajaba como camarero, dejándolo desempleado. «Esta es la cosa más devastadora que vi en mi vida», dijo Gannet.
Publicado por Desconocido @ 21:51
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios